reflexiones

Mi villano favorito (y no era Gru)

Hace una semana, los miembros de la CYLCON nos reunimos de manera virtual para la que fue nuestra tercera tertulia: Amor de villano. He asistido a todas las que se han celebrado hasta ahora, pero esta me hacía especial ilusión, pues ya sabéis de mi amor por los villanos. Por desgracia, debido a problemas técnicos solo se grabó la voz del que ejercía como maestro de ceremonias y eso hizo imposible el subir el vídeo completo a YouTube. Mi gozo en un pozo. Aunque, pensándolo bien, supongo que es para mejor: me vine arriba de tal manera con el tema que acabé hablando y fangirleando tanto que creo que el resto de cylconitas habrían querido lanzarme algo para que me callase de una vez.

En lugar de eso, la entrada en su blog sobre la tertulia solo incluyó la introducción y el cierre en vídeo, acompañados de un resumen escrito de lo que dijo cada uno. A mí se me olvidó por completo enviar mi parte —problemas de tener la cabeza en varios lugares a la vez—, así que hoy os traigo mi versión del Amor de villano.

Comenzamos tratando de definir qué es exactamente un villano. Según la Wikipedia, como nos recordó Manuel Linares, un villano es un personaje que «ejerce la maldad deliberadamente y se opone al héroe». Muchos de los participantes equipararon este término con el de antagonista, ante lo que yo puntualicé que muchas teorías de la literatura y la narración distinguen entre ambos. Mientras que cualquiera que se oponga al héroe y sus objetivos puede ser un antagonista, eso no implica automáticamente que sus actitudes o intenciones sean moralmente cuestionables. Por lo tanto, podemos decir que la maldad es la línea divisoria entre ellos. Pongamos por ejemplo a las protagonistas de Tres coronas oscuras, la trilogía de fantasía juvenil de Kendare Blake: las tradiciones del reino obligan a las tres herederas al trono a luchar entre ellas y quitar la vida a sus hermanas, pues solo una de ellas puede gobernar. Dependiendo del punto de vista en el que nos posicionemos, Katherine, Arsinoe o Mirabella sería la protagonista, y las otras dos, las antagonistas. Sus metas están en conflicto entre ellas, pero eso no significa que sean buenas o malas o que una de ellas tenga más razón que las demás. Podríamos considerar que asesinar a alguien de tu familia es algo inmoral, pero es difícil verlo de esa manera cuando se trata de un asunto ajeno a sus voluntades; de hecho, las tres jóvenes admiten en más de una ocasión que no quieren o no se ven capaces de matar a quienes crecieron con ellas. Es una cuestión de supervivencia.

En cambio, pensemos en cualquier dictador, Señor Oscuro™ o rey tiránico de la ficción: un Sauron de El señor de los anillos, un Galbatorix de El Legado, un Voldemort de Harry Potter. En su caso, no es que aquello que persiguen —el poder absoluto y el control de su mundo suele ser lo más habitual— choque contra lo que buscan los protagonistas, sino que estos surgen como reacción al daño que están causando. Voldemort ansiaba la inmortalidad y ser el mago más grande de todos los tiempos, sin importarle las atrocidades que necesitase cometer para lograrlo. Torturó y asesinó tanto a magos como a muggles y, decidido a continuar con el legado de Salazar Slytherin, trató de eliminar a todos aquellos que no fueran de sangre limpia. En un caso como este, creo que podemos ver con mucha claridad que se trata de un personaje completamente negro desde el punto de vista de la ética.

Una vez establecido el concepto, pasamos a comentar algunos de los clichés más habituales en esta clase de personajes: la risa malvada, vestir colores como el rojo y el negro (con tachuelas o pinchos, si puede ser, como señalan en Terrible Writing Advice) o los discursos inoportunos en los que revelan sus planes a los héroes justo antes de llegar a triunfar por completo, lo cual suele ser el ingrediente perfecto para que estos acaben frustrados. Fue necesario destacar la evolución que ha sufrido esta figura en los últimos años: mientras que los villanos clásicos eran malvados sin ninguna ambigüedad, caricaturescos y desagradables en todos los sentidos, hoy en día nos encontramos con algunos verdaderamente carismáticos y que llegan a generar empatía (o incluso simpatía).

Todo esto nos llevó a plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué hace que los malos nos atraigan tanto? Yo ya di mi punto de vista en la entrada sobre mis fetiches literarios, pero la charla me permitió comprobar que no soy la única. Algunas compañeras también apuntaron a la estética villanesca y, sobre todo, el ingenio y el sentido del humor de muchos de ellos, dos factores con los que estoy muy de acuerdo. También me pareció muy acertado el comentario de Patricia Reimóndez: en ciertas obras, los «buenos» son tan aburridos, ñoños o estúpidos que prefieres que sean sus enemigos quienes venzan. Sí, te estoy mirando a ti, Once Upon a Time.

Queen Regina
En serio, me pones a una tía con el estilazo de Regina Mills, ¿y esperas que me dé cuenta siquiera de que existe la sosa de Blancanieves?

Otro tema importante que tratamos fue la moda de humanizar a los villanos, tan vigente hoy en día. Películas como Joker, en la que se detalla el trasfondo del malvado y los hechos que han construido su identidad hasta el punto de (casi) justificar sus actos, son una muestra de ello. Como contraste, también son cada vez más frecuentes los héroes oscuros y trágicos, más cercanos al arquetipo de antihéroes que al de los héroes tradicionales. Achacamos este cambio, en parte, a ciertas diferencias en los puntos de vista actuales y los del pasado. Muchas películas clásicas de Disney sirven para ejemplificar esto a la perfección: los malos de clásicos como El Rey León o La Sirenita son marginados, personajes que no encajan en la sociedad y desafían a la autoridad; por su parte, Frollo de El jorobado de Notre Dame es un hombre poderoso y defensor del orden establecido, y son héroes como Esmeralda quienes se enfrentan a este. Pensemos, también, en La casa de papel: toda su trama está diseñada para que el público deteste a los policías y apoye a los ladrones y secuestradores, aun cuando se nos ha dicho desde siempre que el crimen está mal. Tal vez esta nueva mentalidad se deba a la creciente falta de fe en los gobiernos y en todos aquellos quienes tienen potestad para establecer las normas, como señalaba en su momento Ceruti en su artículo acerca del auge de los superhéroes y otros vengadores enmascarados.

Por otro lado, yo no solo pienso que estas líneas difusas entre quiénes son los héroes y quiénes son los villanos se deba a nuestra evolución como sociedad, que nos ha hecho plantearnos que siempre hay dos caras de la moneda y dos versiones de la misma historia. Tengo otra teoría acerca de este interés por buscar más allá de los villanos y encontrar qué es lo que les hace comportarse de esa manera, y la compartí con mis compañeros: sentimos la necesidad de separarnos de los malos, de vernos a nosotros como miembros del «bando bueno». Cuando los malos eran monstruos, seres sobrenaturales o similares, era fácil distanciarnos de ellos. El problema vino cuando descubrimos que, como leí en una camiseta, «todos los monstruos son humanos».

camiseta-unisex-all-monsters-are-human

Aún nos cuesta aceptar que quienes son capaces de lo peor son como nosotros. Nos aterra pensar en ello. Si no, fijémonos por una vez en la vida real: cada vez que en las noticias se habla de un asesinato, un tiroteo o cualquier tragedia del mismo calibre, tratamos de buscar qué nos distingue de los perpetradores. Los medios de comunicación no se cortan un pelo en dejar caer que el tipo que mató a su mujer era extranjero o que los que pusieron la bomba eran fanáticos de alguna religión distinta de la nuestra. Y si no, sin duda se trataba de un perturbado con serios problemas mentales o de alguien que consumía drogas en exceso. El caso es poder decirnos que eso no nos va a pasar a nosotros, que somos personas normales y buenas. En un mundo en el que la realidad a menudo supera a la ficción, también queremos convencernos de que gente como el Joker o Ramsay Bolton matan o torturan por una infancia llena de traumas o por una locura en la que cayeron víctimas de la crueldad con la que los trató esa masa gris y difusa que es la Sociedad™ y de la que, por supuesto, ni tú ni yo formamos parte.

Para terminar, como hicimos al final de nuestra conversación a varias bandas, toca homenajear a nuestros favoritos. O a los míos, concretamente. El primero al que mencioné fue el enemigo de los Vengadores en Infinity War: Thanos. Este titán de color morado y voz profunda entraría en la categoría de Personajes-que-en-el-fondo-tienen-razón-pero-sus-métodos-para-conseguir-sus-fines-son-más-bien-cuestionables. Él solo quería que el mundo fuera un lugar mejor y decidió que para ello era necesario eliminar a la mitad de la población para que así los recursos estuvieran mejor repartidos. ¿Quién no ha pensado algo parecido más de una vez?

Thanos
Con las gemas del infinito, me las pongo en un guantecito…  ♪ ♫

Aunque varias integrantes de la CYLCON (por lo que se ve, todas la adoramos) no están de acuerdo en catalogarla como tal, era inevitable que surgiera el nombre de Cersei Lannister: una versión más redonda y modernizada de la Reina Malvada™, alcohólica, arrogante, obsesionada con mantener el poder y capaz de aliarse con quien haga falta y llevarse por delante a cualquiera que amenace su posición. Podría escribir muchas entradas sobre ella, pues es mi personaje favorito de Canción de Hielo y Fuego, pero ya me estoy enrollando más de la cuenta. Solo diré que, además de derrochar carisma por los cuatro costados, su astucia y su determinación a menudo te obligan a quitarte el sombrero y brindar por ella.

cersei

En otro de mis tipos de villanos favoritos encontraríamos a su hermano Jaime: los redimidos. Es curioso como este gemelo perdido del Príncipe Encantador de Shrek pasa de ser un cretino que va por ahí tirando niños por la ventana y apuñalando por la espalda al rey que había jurado proteger en el primer tomo a convertirse en un protector de los inocentes incomprendido en el segundo, cuando al fin conoces su punto de vista.

Jaime Lannister en  Juego de tronos

Si vuelvo a hablar de Avatar: The Last Airbender, es posible que mis lectores cierren la pestaña y se marchen de este blog ahora mismo, pero… lo voy a hacer de todos modos. La triada antagónica de esta serie es maravillosa porque contiene tres ejemplos muy distintos: Ozai (malvado plano, déspota y ávido de poder), Azula (cabrona con estilo SPOILER que acaba evolucionando en villana psicópata) y Zuko (SPOILER el Jaime Lannister de la Nación del Fuego).

Fire Nation Royal Family
Y luego dicen de los Lannister…

La semana que viene tendrá lugar la cuarta entrega de las TerCyL, como las hemos bautizado. El tema, esta vez, será el diametralmente opuesto: los héroes. Cada miembro deberá dedicar su turno de palabra a defender a un personaje literario a su elección y explicar por qué es su héroe favorito. Aún no he decidido si participaré, pues los protagonistas casi nunca me llaman la atención de esta manera.

 

 

 

5 comentarios en “Mi villano favorito (y no era Gru)”

  1. Me encanta, tuvo que ser una reunión. Creo como vosotros que los malos atraen porque son más reales, tienen pulsiones humanas, cuando los buenos son tan buenos que no les dejan sitio para tener una pequeña zona gris. Pensando así en mis villanos favoritos, me he dado cuenta de que me gustan las parejas héroe-antihéroe con mucha zona gris, en las que su relación se convierte en un juego que los dos mantienen de alguna manera, como joker-batman o sherlock-moriarti

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  2. Pues sí, fue una reunión muy divertida. Nos vinimos todos muy arriba. Te doy la razón en que muchas veces los malos son más humanos y que a veces la dinámica entre el protagonista y el antagonista (los llamo así porque hay algunos casos en los que no sabes bien a cuál de los dos llamar héroe o antihéroe) es casi más atractiva que los propios personajes.

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  3. Tarde, como siempre, pero mil gracias por la mención. Siempre me hizo muy feliz que encontraras útil mi trabajo ^^

    Tengo poco que añadir, creo que has definido muy bien por qué nos atraen tanto los villanos. Entre que hay gente que no sabe escribir bien a sus héroes (pone los ojos en blanco) y la fascinación por salirse del camino establecido, ya sea para hacer las cosas “mal” o simplemente de manera distinta… Además, con todas las décadas de queercoding que nos llevamos comiendo ¿es acaso sorprendente que a las personas LGTB nos acaben simpatizando o directamente poniendo “los malos”? (mira que a mí OUAT me da completamente igual, pero Regina es mucha Regina).

    Por cierto, me ha hecho mucha gracia que este artículo tuyo me haya llegado en un momento en el que estoy en pleno proceso de reestructurar a la antagonista de mi novela (“villana” no es, a pesar de tener cierta afición por mutilar a sus rivales –es todo político, no lo disfruta especialmente XD–). Siempre me planteé ese personaje como alguien que, a pesar de no ser la protagonista y de no darnos directamente su punto de vista, en el fondo tenía razón. O al menos had a point. Tengo la sospecha de que te caería bien 😉

    Como siempre, un placer y una inspiración leerte. Hasta la próxima.

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    1. Oh, ¡se me pasó totalmente el asunto del queercoding! Es tan cierto y tan sutil…
      Pues sí, creo que tu antagonista me caería bien. Me alegra mucho que esta entrada te haya servido a ti también para algo 😀 ¡Nos leemos y hasta pronto!

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