personal

Obsesiones escritoriles

La Twittersfera ha hablado, aunque me temo que no sabían dónde se metían cuando votaron por esta opción… ¡Qué insensatez! Antes de ir al grano, debo comentar que esta idea se me ocurrió gracias a Gabriella Campbell y sus temas de los que no hablamos los escritores. Fue algo que me atrajo mucho porque soy una exhibicionista no se me había ocurrido que fuera un tabú.

Es muy evidente que quienes nos dedicamos a algo creativo nos dejamos un pedacito en cada obra, y esto se puede reflejar de una forma más o menos descarada. Es el caso de los temas, personajes o situaciones recurrentes; o, como ya lo llamé en su momento en Twitter, nuestros fetiches. Todos ellos están ahí por algún motivo. Por lo tanto, además de contaros cuáles son los míos, también voy a tratar de buscarles un porqué por si acaso esta entrada no es ya lo bastante personal

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Personajes nómadas y desarraigados

La mayoría de mis protagonistas viven en un país distinto del de su origen. Casi todo el elenco de Caer en la tentación y Deseos Internos son europeos que se fueron a vivir a Estados Unidos; la que da nombre a ese proyecto que estoy deseando revelar se ha pasado toda su infancia y adolescencia cambiando de ciudad; y, aunque es un cambio mucho menor, Johnny (“La balada de Charlotte”) dejó su pueblo atrás para hacerse músico en la capital.

Y esto va más allá de los cambios de país: además de nómadas, da la casualidad de que no suelen tener familia. María (“Al final del pasillo”) y el protagonista de cierta historia de fantasía son huérfanos, todos los de Caer en la tentación viven lejos de sus padres, y la chica de la que viene en camino no se lleva demasiado bien con ninguno de sus padres, que están divorciados. Lo más parecido a relaciones familiares que suelo reflejar son fraternales, y en pocos casos hay vínculo de sangre. Tampoco hay relaciones familiares en el otro sentido: es raro que mis personajes tengan hijos y, en muchos casos, que siquiera entre en sus planes.

Supongo que es fácil saber qué hay detrás de esto, sobre todo de la primera parte: he vivido en cinco sitios distintos a lo largo de mi vida y nunca he tenido muy claro a cuál de todos pertenezco —aunque hay uno que sí siento que, de algún modo, me pertenece—, así que yo también tengo mi lado nómada. Por otro lado, aunque siempre he tenido buena relación con mis parientes más cercanos, me crie lejos de mis abuelas, tías y primos; imagino que, por eso, nunca he sido muy familiar.

 

Personajes femeninos

Hanna. Terhi. Stana. María. Athénaïs. La dueña de Salomón. Una vez, hablando de una serie de partidas de rol que organicé inspiradas en Elements, uno de los jugadores me comentó «Tengo la impresión de que en tus historias son las mujeres las que tienen importancia; los hombres ni pinchan ni cortan». Y oye, ¿por qué no? Las mujeres ya llevamos muchos siglos siendo personajes secundarios, intereses románticos, acompañantes, excusas para la evolución de los protagonistas masculinos… ¿Qué hay de malo en dar la vuelta a la tortilla por una vez?

No es solo que tenga muchas más protagonistas femeninas que masculinos, sino que en el 90% de mis historias hay mayoría de mujeres. Hoy en día es posible que haya una cierta intención implicada, pero lo más curioso es que llevo haciéndolo de forma inconsciente desde que empecé a escribir. Será porque yo misma soy mujer y me gusta escribir las aventuras que no puedo vivir en la realidad.

 

Mujeres sarcásticas y descaradas

Ya he dicho que en mis escritos predominan las mujeres. De entre ellas, hay un tipo de personaje que suele estar muy presente: es esa fémina que —para bien o para mal— no se calla ni una, dice palabrotas con toda la naturalidad del mundo, es elegante hasta para insultar y hace, básicamente, lo que le da la gana. También suelen tener su punto de arrogancia y un aire seductor. Un buen ejemplo de esto sería Terhi Koskela.

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Disfruto mucho escribiendo personajes de ese tipo, sobre todo sus diálogos; cuando me meto en su piel, los sarcasmos me salen uno tras otro como impulsados por un resorte. Supongo que Terhi y otras chicas como ella son mi fantasía de poder (si no conocéis el concepto, MJ Ceruti lo explica muy bien en su blog): mi lado borde y deslenguado es una parte de mí que suelo mantener reprimida para no meterme en problemas, así que interpretar a alguien que se atreve a soltar esas perlas me resulta muy liberador.

 

Juventud

Cuando presenté Caer en la tentación en Carmen, el bar de ambiente LGBT más mítico de Salamanca, la presentadora me tomó el pelo diciendo que en mi libro «no había adultos ni niños, sino que los personajes vivían en un eterno limbo». Fui a replicar que todos ellos eran adultos, pero aquello me permitió darme cuenta de un detalle: aunque por edad biológica fueran adultos, sus aficiones, forma de vida y personalidades recuerdan más a la de los universitarios o incluso a los adolescentes. Hanna, Mark y Johanna comparten piso, juegan a videojuegos, comen pizza y salen de fiesta continuamente. Y no son los únicos. Además, cabe destacar que pocos de mis monstruos, como yo los llamo, pasan de treinta y cinco años o cuarenta años: gran parte de ellos se sitúan en la franja de los veintitantos.

¿A qué se debe esto? Soy la clase de persona a la que todo aquello que se asocia con la madurez (trabajo, pagar facturas, burocracia, buscar la estabilidad y la familia, achaques y preocupaciones varios…) le aburre soberanamente. No negaré que tengo un cierto complejo de Peter Pan y que no he empezado a hacer Cosas de Adultos™ hasta hace cuatro días. De todos modos, ¿quién querría leer sobre personajes haciendo la declaración de la renta, revisándose el colesterol y perdiendo parte de su vida en una oficina? No, a mí lo que me interesa es lo que hay más allá: aquello a lo que se dedican con pasión cuando termina su jornada laboral, sus relaciones con los amigos, sus devaneos amorosos, sus juergas…

 

Vena artística

Esta encaja bastante bien con el punto anterior. La misma presentadora que he mencionado antes me pregunto si acaso mis personajes no trabajaban nunca. Bueno, puede que no veamos a Terhi maquillar a sus clientas ni a Mark transportar mercancías de una punta a otra del país, pero sí vemos a Johnny cantar en bares o a Sylvia trabajar en su novela. En estos dos últimos casos, su profesión es algo que los define y a lo que se dedican por pura vocación; incluso puede tener una cierta relevancia en la trama, como en “La balada de Charlotte”. Las tareas diarias de Terhi, Hanna y los demás no son importantes.

Sin embargo, Johnny y Sylvia no son los únicos entre mis creaciones que tienen inclinaciones artísticas: Terhi canta, escribe relatos y dibuja; Hanna es una fanática del karaoke, trabajó como bailarina y ama la poesía; Sophie adora la fotografía y sueña con ser actriz; otra protagonista que estoy deseando dar a conocer igual se hace la ropa ella misma que llena páginas y páginas de fantasía.

Digo yo que no hace falta intentar buscar explicación a todo esto, ¿verdad?

 

Identidad

Muchas de mis criaturas no saben quiénes son y se pasan toda la trama intentando averiguarlo: eso le pasa a la protagonista de la novela que está al caer, Hanna y Kimberly exploran su sexualidad en Deseos Internos, otro protagonista que yo me sé acaba descubriendo que ha estado todo el tiempo en el bando equivocado, una de las principales de Elements pertenece sin saberlo a la nobleza…

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De algún modo, todes nos pasamos la vida buscando nuestro lugar y aprendiendo sobre nosotres mismes: nuestros deseos, nuestras habilidades, nuestros límites, rincones ocultos de nuestra personalidad… Es un tema fascinante y muy complicado, por no decir una de las principales comeduras de cabeza que nos persigue a muches. Además, me encantan las historias que incluyen identidades ocultas, ya sea porque los propios personajes las desconocen o porque están de incógnito; dan lugar a giros argumentales muy emocionantes.

Y con esto termino esta entrada tan intimista. Espero que os haya servido para conocerme un poco mejor, pero, sobre todo, que os haya dado ganas de conocer mejor a mis retoños de tinta.

Saludos introspectivos,

Vuestra Kate

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